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EL DIFÍCIL MUNDO DE DIRIGIR UNA INSTITUCIÓN EDUCATIVA

La sociedad actual cambia de manera vertiginosa; cambia el mercado, cambia la competencia, cambian los clientes y sólo sobrevivirán aquellas organizaciones que sean capaces de saber qué quieren, hacia dónde van y que se preocupen por la mejora constante para no dormirse.

Los centros educativos históricamente se han regido por un tipo de dirección muy jerárquica y autoritaria, basado en un liderazgo Autocrático en el que normalmente era el propietario o el representante de una institución quien marcaba las líneas de acción y el resto de las personas de la organización se limitaban a cumplir las órdenes sin protestar por miedo a la represalia.


Hoy en día el mercado exige un modelo de dirección basado en un liderazgo Democrático, en el que los subordinados participen en la toma de decisiones y se les solicite sus opiniones e ideas, lo que hace que se necesiten para los equipos directivos personas abiertas y participativas.

Las tareas clásicas de la dirección consisten en:

Planificar hacia dónde vamos,
Organizar trabajos, tiempos y personas,
Decidir lo que se ha a hacer,
Coordinar las actividades, y
Controlar las desviaciones.

Todo esto no está mal si la persona que dirige tiene las cosas claras, pero, por desgracia en este sector, los directivos que saben lo que quieren son una rara especie. Hay muchos directivos que no tiene objetivos o si los tenían los han olvidado, que confunden Objetivos con Actividad o que han agotado su proyecto.

Hoy en día, no es posible dirigir ninguna organización a través del estilo clásico del “ordeno y mando”, sino que es necesario llevar a cabo la implicación de todas las personas en los procesos por lo que se amplían las tareas de la dirección con:

Hacer Equipo para que todos trabajemos en la misma línea,
Formar y Preparar a los subordinados para que se adapten a los cambios de manera natural,
Informar de lo que se va a hacer y porqué,
Motivar para que el trabajo sea efectivo y haya un afán de mejora contínua, y
Evaluar con intención de mejorar las cosas y aprender de los errores.
Ya en el año 1982, Edmonds, a través de estudios resumió en cinco puntos principales los componentes de una escuela de éxito:
1) Fuerte liderazgo instructivo del director del centro, que presta gran atención a la calidad de la enseñanza.
2) Altas expectativas entre los profesores sobre las posibilidades de aprendizaje de todos los alumnos, concretadas en la obtención, cuando menos, de los contenidos mínimos.
3) Una atmósfera ordenada y segura, facilitadora y estimulante tanto del aprendizaje como de la enseñanza.
4) Un fuerte énfasis en la adquisición de las habilidades básicas.
5) Frecuentes evaluaciones y controles del rendimiento que se utilizan para mejorar los programas educativos.

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